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Raúl Benítez

“No podemos seguir estudiando el trastorno obsesivo compulsivo sin estudiar a otras culturas como la latinoamericana”, Eric Storch

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se caracteriza por un patrón de pensamientos y miedos no deseados (obsesiones) que provocan comportamientos repetitivos; también conocido como compulsiones). Estas obsesiones y compulsiones interfieren en las actividades diarias y causan un gran sufrimiento emocional.

Según Eric Storch, investigador del Baylor College of Medicine, en Texas, EE.UU., muchos de los artículos y documentación que se han hecho no recogen la genética más allá de caucásicos, estadounidenses y europeos, por lo que es necesario ampliar la investigación a otras culturas como la latinoamericana, asiática o africana.

Storch visitó El Salvador en marzo para dar una conferencia, en la Universidad Francisco Gavidida, titulada: Ansiedad y Trastorno Obsesivo Compulsivo – Naturaleza y tratamiento a lo largo de la vida. Esta fue dirigida a personas que experimentan ansiedad o TOC, además de especialistas de la salud mental.

La ponencia fue una invitación para que, en conjunto con el Centro Universitario de Neurociencia de la universidad, personas que padezcan de TOC puedan participar en el estudio “Latin American Trans-ancestry Initiative for OCD genomis (Latino)” en el que se busca mostrar la importancia del estudio de la genética latinoamericana para la predicción y el tratamiento del TOC.

¿Qué es el TOC?

  • El TOC es una condición psiquiátrica común que afecta a ~2% de la población en algún momento de la vida, con síntomas característicos de obsesiones (pensamientos intrusivos, angustiantes y sin sentido) y compulsiones (conductas repetitivas para reducir la ansiedad que generan las obsesiones).
  • Tipos frecuentes incluyen: miedo excesivo a gérmenes/contaminación, necesidad de orden/perfección, repetición de acciones (abrir/cerrar puertas, escribir/borrar), pensamientos intrusivos sobre hacer daño a otros o actos sexualmente inapropiados, y preocupaciones religiosas/morales (ej. “ir al infierno”, ofender a Dios).
  • Es una enfermedad cerebral con bases neurobiológicas (se menciona un circuito en los ganglios basales) y un fuerte componente genético, aunque también influyen experiencias de vida.

¿Quiénes lo desarrollan y cómo evoluciona?

  • Puede afectar a cualquier persona, independientemente de nivel socioeconómico, etnia o país; la prevalencia es similar en Latinoamérica, EE. UU. y otras regiones.
  • Aproximadamente 60% de los casos inician en la infancia; si no se trata, tiende a empeorar con el tiempo.
  • Un grupo de mayor riesgo son las madres tras el primer parto (~6% desarrolla TOC posparto), con obsesiones típicas de “podría hacer daño a mi bebé” a pesar de no desearlo.
  • La cultura puede modular el contenido de las obsesiones: en sociedades con mayor énfasis religioso hay más TOC de tipo religioso; donde la religión es menos central, ese subtipo es menos frecuente.

El problema de la investigación genética actual

  • La mayor parte de la evidencia genética sobre TOC proviene de personas de ascendencia europea/caucásica (EE. UU., Canadá, Europa y, en algunos casos, sudafricanos blancos), lo que deja fuera a latinos, africanos y asiáticos.
  • Esto ha creado una disparidad en salud: los modelos predictivos y herramientas derivadas de esos datos (p. ej., puntuaciones de riesgo poligénico, PRS) no funcionan bien en poblaciones no europeas.
  • El objetivo no es hallar un “gen del TOC”, sino identificar muchos genes para construir PRS que permitan: estimar riesgo individual (por ejemplo, en hijos) y orientar tratamientos más personalizados (medicamentos o terapias según perfil genético).

¿Por qué importa incluir a Latinoamérica (y a El Salvador)?

  • Incluir a personas salvadoreñas y latinoamericanas en los estudios genéticos hace que los hallazgos sean aplicables a estas poblaciones y reduce la brecha de representación.
  • El proyecto descrito recluta personas con TOC en El Salvador en colaboración con instituciones locales y centros como Baylor, la Universidad de Carolina del Norte y el Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU.
  • La colaboración permite que los resultados beneficien directamente a la población salvadoreña y mejoren la precisión de herramientas como el PRS para grupos históricamente subrepresentados.
Fuente: Entrevista con Eric Storch.

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