Al reflexionar los resultados electorales preliminares (más del 95% escrutados), desde la perspectiva de la comunicación política, encontramos una serie de mensajes que la población votante comunica a los institutos políticos, con el reconocimiento de su experiencia como ciudadanos situados y expertos en el diario vivir, sin entrar en leguleyadas de sabiondos y sin interpretar con el hígado científico.
Los mensajes del electorado se enmarcan en el contexto de la primera administración del partido Nuevas Ideas, y, sin duda, motivada por las acciones políticas realizadas por el presidente de la República de El Salvador y con base a los antecedentes de cada uno de los partidos que conforman la oposición y sus respectivas acciones cuando laboraron en la Asamblea Legislativa.
Desde la perspectiva vivencial de los votantes, sus opciones de voto y las interpretaciones que los llevaron a decidirse por candidatos y partidos, están íntimamente relacionados con el contexto sociopolítico de la nación, su situación personal como parte de un grupo social y desde la afectación positiva o negativa de las acciones políticas del gobierno durante toda su administración, o desde las acciones políticas de los partidos de oposición, en una dinámica política cuya correlación favoreció siempre y en todos los ámbitos políticos a Nuevas Ideas.
Este fenómeno político inédito llamado Nayib Bukele, en segunda ocasión, ha dejado perplejo a propios y extraños. No obstante, la culpa del rompimiento de los cánones y la lógica de los políticos se la atribuyen a la ignorancia, al pensamiento simplista de la mayoría de los ciudadanos y la campaña mediática persuasiva del mandatario actual. Creo que más allá de su ignorancia y de sus limitaciones en el análisis dialéctico, la población tomó una decisión que no sólo expresa la posición de los tuiteros, sino de los diferentes grupos etarios de la población. Los resultados representan el consenso de la mayoría de los ciudadanos que votaron. De los que no votaron, pues en otra oportunidad plantearemos los paradigmas que sostienen su actitud de aversión a las elecciones y al sistema político.
En este contexto, los mensajes del electorado del 28 de febrero son los siguientes:
El presidente de la república tiene una imagen/reputación dibujada en los cargos anteriores como alcalde (de Nuevo Cuscatlán y de San Salvador) y ahora durante los 20 meses como presidente, con pandemia por COVID-19, la que sin duda tuvo que aprovechar para sacar ventaja política y electoral.
El presidente Bukele, ni lento ni perezoso, aprovechó electoralmente el contexto de zozobra y psicosis, generado por el temor de una situación imprevista y novedosa en una condición de precariedad económica de la mayoría de la población más frágil.
La entrega de los $300.00 y los tres sacos de víveres hicieron magia en el corazón de la población. Las visiones inmediatistas de los salvadoreños sin mucha ilustración en actitud de agradecimiento al mandatario le responden con su voto de confianza, por la empatía de su presidente. Por esto la reputación del mandatario y por sus acciones populistas, la población votante lo gratifica con un voto de agradecimiento. Por eso el tsunami electoral que arrasó con la estructura de una democracia, sostenida por dos partidos con tremenda imagen de inmoralidad e incompetencia política.
En las últimas tres elecciones para diputados, los votantes enviaron grandes mensajes de llamados de atención; pero no quisieron entender el mensaje popular. En el 2018, la población reprobó con mayor intensidad al FMLN. Salieron “quebrados” por su incompetencia a la hora de entender lo que pasaba en el país y por la manera ineficaz de abordar los problemas más sentidos de la población, como la difícil situación económica, la inseguridad ciudadana y los ineficientes servicios públicos.
En otras palabras, por las inefectivas medidas en los órdenes económicos, social y de relaciones internacionales, la imagen política del FMLN se desdibujó cuando varios de sus líderes aparecieron involucrados en sendos escándalos en los medios de comunicación masiva, esencialmente por corrupción y nepotismo descarado.
No alcanzaron a comprender y ni quisieron reconocer su culpa, ni tampoco cambiaron de perspectiva política ni de funcionarios; todo lo contrario, disimularon todos los hechos y las acciones de corrupción, protegieron a sus funcionarios, para que no ser acusados y responsabilizados judicialmente como desfalcadores del estado.
En el caso de Arena, en 2018, recibe de la población electoral un voto de confianza o un chance más, para que sus análisis y propuestas tengan mayor peso en la correlación de fuerzas políticas, en la Asamblea Legislativa. Pero no pasaron la prueba con su desempeño, no aprendieron la lección. Se distanciaron de la población y entraron al juego de la confrontación dirigido por el presidente Bukele; siguieron cometiendo errores como cerrarse al cambio de visión política, al cambio de las marchas belicosas por otras menos anacrónicas, a la apertura de paradigmas más modernos, con la creación de propuestas estratégicas en favor de toda la población, en los órdenes económicos, sociales, políticos y culturales.
Este acto de confianza popular en el mandatario no es para seguir confrontando, con un discurso agresivo y una actitud de venganza. De acuerdo con la lógica de la población, que siempre dio equilibrio de fuerzas en la Asamblea Legislativa, ahora le da un abanico de posibilidades de poder para crear condiciones favorables para el desarrollo humano. Se trata de las facultades para que piense estratégicamente, haga propuestas para todos los sectores, resuelva problemas nacionales, para que negocie y favorezca a todos los ciudadanos. El discurso confrontativo y populista, mesiánico y una actitud de irrespeto a las normas democráticas, deben dar lugar al consenso nacional, para que sus análisis dejen de ser falaces, sino un discurso fundamentado en los hechos.
En el fondo, la gente está aburrida de discursos sin contenido real, factible y demostrable. El impacto de las políticas no se mide por el populismo de las láminas y los promocionales, sino por el beneficio que otorgan al desarrollo humano y en favor de todos los sectores de la población.
En este sentido, el presidente debe responder con una actitud tolerante, proactiva, asertiva, en defensa y en favor de la mayoría de los sectores. No caben más locuras en este mandato. Pero, en este agradecimiento por los sacos y los billetes, la gente le da su voto, pero si no hace nada y sigue con la violencia verbal y responsabilizando a otros a los “mismos de siempre”, y si cambia o altera las reglas de juego democrático arbitrariamente, le cobrarán la factura y pondrán a Juan de los Palotes como presidente.
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