Becario de la Agencia de Cooperación Chilena para el Desarrollo (AGCID). Estudiante de la Maestría en Dirección Pública por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Maestro en Ciencia Política por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y abogado por la Universidad de El Salvador. Trabajó junto a diferentes comunidades en El Salvador como director ejecutivo de la organización TECHO.
Dando por sentada la premisa de que el desarrollo en las personas genera libertad para estas, es pertinente enfatizar en que el desarrollo requiere de la eliminación de importantes fuentes de la ausencia de libertad; entre ellas la pobreza, oportunidades económicas escasas, privaciones sociales sistemáticas, entre otras (Sen, 2000). Con lo anterior, puede deducirse que la pobreza es un obstáculo que impide alcanzar la aspiración de libertad para lograr el estilo de vida que uno quiere. Desde la versión seniana del enfoque de capacidades, son estas últimas que al visualizarse como oportunidades reales son las más importantes porque son las que dan lugar a la “buena vida humana” o “vida libre” frente a la pobreza, constituyendo así un punto de partida para la dignidad humana.
La misma versión seniana justifica la relación entre libertad y desarrollo mediante dos razones: la primera, es la razón evaluativa; la cual sostiene que la valoración del progreso debe hacerse tomando en cuenta principalmente si se mejoran las libertades que tiene la gente; y la segunda es la razón de la efectividad, que implica que la consecución del desarrollo está completamente subordinada al libre albedrío de la gente, siendo entonces dicho albedrío un importante motor para el desarrollo (Conill, 2004).
Alkire (2010) analiza la libertad mediante dos aspectos. El primero de ellos “de proceso”, que implica la habilidad de actuar, también denominada de “agencia” y el aspecto “de oportunidad”, que se refiere a la oportunidad de lograr funcionamientos, la cual también se puede denominar como “capacidades”. Habiendo comprendido entonces que la pobreza constituye un obstáculo para la libertad, conviene también traer a colación una concepción de pobreza. En ese sentido una concepción de la pobreza a partir del enfoque de capacidades es la siguiente: “La pobreza debe concebirse como la privación de capacidades básicas y no meramente como la falta de ingresos, que es el criterio habitual con que se identifica la pobreza. La perspectiva de pobreza basada en las capacidades no entraña rechazo de la razonable idea de que la falta de renta es una de las principales causas de la pobreza, ya que la falta de renta puede ser una importante razón por la que una persona está privada de capacidades […] El enfoque centra la atención en las privaciones, que son intrínsecamente importantes” (Sen, 2000: 114).
Así se entiende pobreza como privación de las capacidades básicas para una vida digna y alcanzar el umbral para una buena vida humana (Nussbaum, 1992). Estas capacidades pueden entenderse como: “La libertad de las personas para disfrutar seres y haceres que valoran y tienen razones para valorar, […] como las diferentes combinaciones de funcionamientos (ser y hacer) que la persona puede alcanzar” (Giménez, 2016:111). A continuación, se detalla cada una de ellas:
En la actualidad es posible, a partir de estas capacidades y su privación, pasar a centrar la atención principalmente en los fines que los individuos persiguen y, por ende, en las libertades necesarias para satisfacer tales fines y alcanzar una buena vida humana la cual puede entenderse a partir de la teoría densa y vaga del bien común de Nussbaum (Conill, 2004). Tal teoría recoge la preocupación de una teoría política que apunte hacia la equidad y la justicia social y tiene como punto de partida la concepción de Aristóteles del ser humano como animal político, así como en las esferas universales a los que todo ser humano tiende. Así, la teoría se basa en el bien pretendiendo alcanzar sociedades más humanas sin que variables históricas y de tradición resulten decisivas en procurar el bien pretendido, bajo un esquema que concibe al ser humano con ciertas características centrales comunes y universales.
De esto se deriva una propuesta también de Nussbaum que trata sobre una concepción densa y vaga del bien, en la cual toda actividad política tiende o debería tender a dar cabida a la preocupación inicial, es decir, alcanzar la equidad y la justicia social. La manera en que la teoría del bien puede articularse, es a partir de dos umbrales, siendo el primero relativo a las esferas de la vida humana y el segundo, a las capacidades prácticas del ser humano. El primero de los niveles, se entienden como circunstancias comunes a todo ser humano y se constituye por la mortalidad, el cuerpo humano, la capacidad de placer y dolor, la capacidad cognitiva, la razón práctica, el desarrollo infantil temprano, la afiliación o sociabilidad y el humor sentido y lúdico. El segundo de los niveles hace referencia a las capacidades prácticas del ser humano, las cuales se han enlistado previamente y hacen alusión a las capacidades para funcionar dentro de cada una de las esferas señaladas en el primer nivel.
Con ello, se tiene entonces una lista de funcionamientos, que han de constituir una buena vida humana, comprendida por ciertos rasgos que son definitorios y centrales o en otras palabras, propiedades esenciales que definen la vida del ser humano y que vienen a ser una base para el fin de la justicia social. Los niveles mencionados ofrecen también una movilidad que suponen pasar de una vida humana vista en la lista del primer nivel, a una buena vida humana, vistas como las capacidades del segundo umbral. Estas capacidades se deben entender también como aquellas que pretenden dar lugar al empoderamiento de las personas, de modo que sean capaces de funcionar dentro de sus propios contextos tanto a nivel social como personal, como así las personas lo crean mejor.
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