Según el diccionario de la RAE y el de etimologías latinas y griegas, gobernar –del latín guberno–nare; gr. kubernáo– supone dirigir, guiar o administrar los destinos de una nación; sin lugar a dudas, la complejidad en la conjugación de este verbo dependerá de múltiples factores territoriales, históricos, culturales, económicos, étnicos o políticos.
En el clásico diccionario de Política de Bobbio, Matteucci, Pasquino, el concepto de Gobierno se proyecta a la administración pública, al Estado de Derecho y a las teorías de poder. En efecto, gobernar es una acción que se enmarca, desde su origen y en su curso, en un marco legal, con pautas públicas –una mirada dirigida a las mayorías- y en un balance de poderes encuadrado por visiones ideológicas y económicas.
En términos más pragmáticos, gobernar –y generar condiciones de gobernabilidad (Huntington, Crozier y Watanuki) y gobernanza- dependerá del equilibrio entre la demanda social y la oferta Estatal, cosa que no es fácil en naciones con problemas endémicos de pobreza y corrupción.
Veamos entonces, a la luz de la experiencia –más real y menos teórica– qué es fundamental para gobernar y cuál es el lado más oscuro, opaco o maquiavélico de las acepciones posibles sobre Gobierno con un enfoque antagónico:
Visto este panorama dicotómico, lo que resulta real y preocupante a nivel gubernamental es el uso adecuado de dos variables: Ética y Poder. Más allá que el Gobierno sea de izquierda y tienda a políticas subsidiarias de Estado de bienestar o sea de derecha y se incline a medidas que favorezcan el libre mercado, la desregulación y la privatización de los servicios, lo importante será el manejo de lo público como un “poder prestado” temporalmente por el pueblo y que debe de utilizarse para “beneficiar a las mayorías”, sobre todo a las más desfavorecidas.
La mayoría de líderes políticos en Latinoamérica terminan sus ejercicios gubernamentales saliendo por la puerta de atrás, con un balance negativo, con más deudas, intrigas, casos de corrupción que obras en beneficio de la sociedad. Incluso, prefieren anteponer proyectos de alta visibilidad política –obra pública- a programas que ayuden a las familias a salir de la pobreza.
Gobernar supone tener una noción de ingeniería financiera, sabiendo que los recursos son limitados y que la demanda desborda a la oferta, un gobernante tendrá que saber calcular hasta dónde puede materializarse sus ideas en función de las posibilidades fiscales reales. Siempre hemos anotado que cada dólar, por ejemplo, en educación, se debe proyectar por seis mil escuelas, cincuenta mil maestros o un millón doscientos mil niños; así, un millón de dólares representa en oportunidades de inversión, para escuelas: US$ 166, para maestros US$ 20 y para estudiantes US$ 0.76. En términos generales la planificación financiera de educación no sólo ha sido baja, sino que además ha estado sobrevalorada y sin ningún impacto. Decidir si gastamos en libros de texto, una laptop o un laboratorio es un debate didáctico y un ejercicio científico que no se hace en función del costo-beneficio ni de la tasa de retorno, sino del olfato político de gente que no tiene idea de los factores determinantes e influyentes en la calidad educativa.
El Salvador, a diferencia de sus vecinos debería ser un país de fácil gobernanza… El gobierno en Guatemala tiene que lidiar con la complejidad de dar respuestas a veintitrés grupos étnicos; Honduras y Nicaragua poseen desafíos inimaginables para atender a los pobladores de la zona atlántica norte. En El Salvador con una extensión pequeña en comparación con los vecinos, sin mayores problemas de diversidad cultural, las distancias son tan cortas que se puede llegar al lugar más lejano en el oriente u occidente del país en apenas 3 o 4 horas, en vehículo (los gobernantes pueden llegar más rápido en helicóptero), entonces ¿por qué no se resuelven los problemas de la gente?
Gobernar es fácil: si contamos con un equipo equilibrado, profesional y competente de ministros; gente que planifique y piense estratégicamente y que tenga la capacidad de garantizar que se cumplan los compromisos. Con un enfoque de activismo y de proyectos no se llega muy lejos, las finanzas no alcanzan, aunque no se robe.
Gobernar es fácil: Si hay una actitud consecuente y transparente de utilizar los recursos públicos para beneficiar a la gente y gastarlos del modo más costo-eficiente y con el mayor retorno; y será más fácil si podemos abrir los libros sin reservas a la prensa.
Gobernar es fácil: Si escuchamos a la gente y si nos acercamos sin maquillaje publicitario; demostrándoles que se va a ser todo lo que se puede con los recursos limitados que posee el Gobierno.
Los gobiernos del pasado con sus “muchos errores y limitados aciertos”, nos dejaron un escenario complejo, pero a la vez son un espejo para el futuro; la guerra y la relación con Estados Unidos nos ocasionó el problema de pandillas y un tejido social débil, pero también las remesas familiares que sostienen la economía. Hay tantos problemas como soluciones y oportunidades; y si un gobernante se queja del país que le dejaron ¿para qué se metió en ese lío?
Cada gobierno ha sacado de la pobreza un puñado de familias…, familia de los gobernantes y del gabinete, y así no se puede y no se vale. No creo que sea casualidad, ese empeño enfermizo de llegar al poder que se nota en las campañas; efectivamente, ven en el gobierno un botín, una especie de lotería con recursos inimaginables, ya que la mayoría de Ministros salientes –roben o no- se re-enganchan en organismos regionales, internacionales, ONG´s, fundaciones y cooperantes, con salarios del primer mundo, seguros y privilegios. Como que la experiencia de haber pasado por el gobierno te crea una aureola de especialista o gurú.
Las probabilidades de haber salido “limpio” de una experiencia gubernamental es cada vez más difícil (sin casos de corrupción o sinapsis con casos de sus vecinos o colegas de gobierno); no obstante, la ciudadanía –que se va educando, aunque sea lentamente- cada vez exige más y podrá decidir sobre la base de datos y evidencias a gobernantes más probos y eficientes, con la complicidad de un periodismos serio e independiente.
Gobernanza es eficacia, calidad y buena orientación de los recursos; gobernabilidad es equilibrio; más allá de lo corporativo o proyectivo, los gobernantes de turno tendrán que situarse en el plano profesional de la administración pública y preguntarse –con Kant- ¿qué deben saber?, ¿qué deben hacer? y ¿qué pueden esperar?, luego construir sus imperativos éticos para que todo se realice del mejor modo posible, beneficiando a la mayor cantidad de personas. Conflictos habrá, disensos también, debates sobre modelos, programas o proyectos sin lugar a dudas, pero siempre la ética será el mejor seguro de vida de un gobernante. A fin de cuentas, no es tan difícil ser ético…
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